El sábado día 23 de octubre tuvo lugar en la S.I. Catedral de Badajoz una celebración eucarística por la reciente beatificación de un grupo de mártires españoles que vivieron en los turbulentos años treinta del pasado siglo. Entre ellos, 5 pertenecientes a la diócesis de Mérida-Badajoz, y por tanto, de especial significación para todos aquellos que vivimos en estas tierras. Entre estos mártires, se encontraba el H. Aureliano Ortigosa, que vivió en la comunidad de Donoso Cortés un año, y dedicado a la labor de dar clase a los futuros seminaristas del Seminario de San Atón. No llevaba más que unos meses en Badajoz y ya se había ganado el reconocimiento de sus alumnos y del resto de profesores del Seminario. Murió martirizado en agosto de 1936 en el Puente de Palma, cerca de una de las entradas a la ciudad de Badajoz. Pues bien, el Sr. Arzobispo D. Santiago García Aracil, en su homilía comentó la satisfacción para todos los que formamos parte de la Diócesis y de la Iglesia en general, de poder contar con el ejemplo de vida y muerte del H. Aureliano, lo mismo que del resto de mártires de la Diócesis beatificados también (3 religiosas de las Siervas de María y un sacerdote diocesano). Ellos son ejemplos de fe, de entrega y sobre todo, de perdón, pues todos ellos mueren perdonando a sus verdugos al ejemplo de nuestro divino Maestro que lo hizo en la cruz. Si la Iglesia tiene motivos para celebrar hechos gozosos, éste, el del martirio, es de una especial trascendencia. Basta recordar que la Iglesia empezó su labor testimonial y misionera en un ambiente hostil y de persecución, que tuvo como colofón el martirio de innumerables hombres y mujeres que siempre han sido recordados y venerados a lo largo de la historia por su fe y testimonio ejemplar. Una vez finalizado el acto litúrgico, D. Santiago tuvo la amabilidad de ir saludando personalmente a todos los representantes de las familias religiosas allí reunidas, en concreto: a las Siervas de María y a los Hermanos Maristas. Bello gesto de cariño y de pastor solícito.¡Que el beato H. Aureliano nos ayude desde el cielo en nuestro caminar por la tierra! ¡Ojalá seamos también nosotros, individual y colectivamente, testigos fieles de amor de Dios a los hombres! ¡Beato H. Aureliano, ruega por nosotros!